jueves, 18 de marzo de 2010

LA PALABRA QUE NO CESA

miguel fernández rivero









LA PALABRA QUE NO CESA
(84 poemigas y un poema)









EDICIONES
El Pájaro Azul

Apdo. 212
41530-Morón de la Frontera
Sevilla
Correo electrónico: mfernanrive@hotmail.com

( c ) Miguel Fernández Rivero

Diseño/Ilustraciones:
( c ) Miguel Fernández Rivero

Cubierta:
Tabla cuneiforme de la fundación
de Babilonia, siglo XVII a. C.

ISBN: 84-609-9443-0

Depósito Legal: SE-0350-06









Mi
agradecimiento
a Luis Eduardo Aute,
por prestarme su palabra
P O E M I G A,
con la que da nombre a los
pequeños poemas de su
libro-disco
Animal.


GRACIAS
LUIS






En enero del año 1992, sin saber el cómo
ni el porqué, surgió el primer poemiga,
sin sospechar siquiera que así se
llamaría pasado el tiempo. Y
sin saber cómo y de qué
forma estas motas de
polvo, migajas de
poemas, se fueron
pegando a la piel
de mis días,
para
convertirse
en este hatillo
de vagamundo
en el que el errante
guardaba todo aquello
que fue abandonado o entregado
al olvido por inservible o insignificante.
Motas de polvo, migajas de poemas que al aproximarse
el final del camino terminarían
convirtiéndose en su gran tesoro.




POEMIGA:

Poema al que por su pequeñez o brevedad
se le considera una miga.

Migaja o miga que se desprende de un
poema y que al ser rescatada del olvido
toma vida propia.




P R Ó L O G O








A veces bueno es desandar el camino jamás andado y sentir en los ojos el sabor de aquellas huellas que nuestros pies nunca llegaron a dejar sobre el polvo de los caminos.

Yo soy el hombre que juega a ser poeta. Yo no soy el poeta, el poeta es un viajero que a veces cruza por estos campos en los que habito, siembra su luz en mis labios y después se oculta entre mis sombras.
Yo soy el hombre, el caminante, el aprendiz de poeta que busca entre las arenas del tiempo el rastro, casi imperceptible, de las huellas del viajero.
Mas hoy, al desandar el camino, en el rastro que dejaron mis propias huellas, vuelvo a encontrar restos, migajas de poemas esparcidas sobre las arenas de mis días.

Esas migajas de poemas son estos POEMIGAS que hoy, en un acto de rebeldía, arrojo a tus ojos.




POEMIGA




Ahí van estas migas
para hormigas
amigas…

y enemigas.

Y a las meigas
alguna migaja
de más.



L. E. Aute




I la palabra gira en el tiempo






L U N A





U N O




La palabra


gira en el tiempo


como un antiguo rito


que jamás se olvida.




D O S




Nunca busques tu imagen


en los espejos,


búscala


en los labios del hombre.




T R E S




No hay silencio que romper,


(el silencio es sagrado)


sólo hay palabras que decir


para llenarlo.




C U A T R O




Siembra la luz en tu voz,


y tus ojos


contemplarán la verdad.




C I N C O




En el inmenso silencio


de estos días,


germinará la palabra


que habrá de forjar


el canto del mundo




S E I S




Jamás retengas


tu voz entre los labios;


déjala en el viento


y serás libre.




S I E T E




Todo el silencio


del mundo


pasa por mi alma.






I I van desgastando la piel del hombre






M A R T E




U N O




Un día


el universo tuvo un sueño


y lo depositó


sobre la piel del mundo.




D O S




El hombre


es un grito


que hiere al universo.




T R E S




Las estrellas


tiemblan de miedo


si el hombre las mira.




C U A T R O




Los días


golpean sin cesar


las costas del tiempo


y van desgastando


la piel del hombre.




C I N C 0




Se han quebrado


los últimos espejos


que sostenían


la imagen del hombre.




S E I S




Acomodado


en el putrefacto sillón


de la opulencia,


el hombre pierde su tiempo


en devorar, ávidamente,


los días de su vida.




S I E T E




Tras el espejo


el hombre tiembla y gime


como un perro sin amo.




O C H O




Los espejos rotos


esparcen sobre el mundo


las ilusiones del hombre.




N U E V E




Los días se rompen


contra el violento filo


de la tarde.




D I E Z




La vida se nos escapa


por las grietas


del tiempo.




O N C E




Tras los muros de la niebla


se encuentra el mañana,


al que, como siempre,


volveremos a llegar


con retraso.




D O C E




El tiempo


araña sin piedad


mi piel.




T R E C E




Por las grietas del tiempo


se nos pierden los sueños.




C A T O R C E




Hoy


sólo es el ayer


del mañana.






I I I hace años que hurgo entre mis huesos






M E R C U R I O




U N O




Hoy vengo


a escribir mi nombre


sobre las arenas


del tiempo.




D O S




Yo soy el leve rumor


de una luz


que cruza el universo.




T R E S




A este mundo


fui arrojado;


mas


aún no sé si existo.




C U A T R O




Con mi mano izquierda


sostengo el silencio


del mundo,


con mi mano derecha


la soledad del hombre.




C I N C O




A veces


la hambrienta noche


cae sobre mí


y devora mi sombra.




S E I S




El silencio


del mundo me envuelve


y ahoga el eco


de mi voz.




S I E T E




Las manos se me pierden


entre los sueños


que pueblan los rincones


de mi vida.




O C H O




Anoche


me hirieron los sueños


con sus frías navajas.




N U E V E




Perdí tanto por los caminos


que hoy


apenas si logro encontrarme


entre mis ruinas.




D I E Z




La noche,


con su invisible mano,


hurga entre mis huesos


buscando mi alma


para devorarla.




O N C E




Tras de mí


(en el oscuro túnel del ayer)


aún se oyen mis pasos,


como la presencia


de un extraño.




D O C E




Sobre el débil borde


de un suspiro


abandono


la piel de mis sueños.




T R E C E




Hace años que hurgo


entre mis huesos


buscando a ese extraño


que llevo dentro.




C A T O R C E




Los recuerdos


son el gusano enorme


que se alimenta


de nuestras vidas.




Q U I N C E




Me afligen más


las noches por vivir


que todos los días


ya vividos.




D I E C I S É I S




Al filo del ocaso


me siento a descansar


las huellas de mis pasos.




D I E C I S I E T E




La vida se me escapa


por los pliegues del viento


y yo aún me pregunto


si existo.




D I E C I O C H O




A veces


dejo este cuerpo en que habito


e intento tocar al hombre


que jamás seré.




D I E C I N U E V E




El universo


fue creado para mí


esta mañana.




V E I N T E




Sobre mi piel llevo


prendido el aroma


de todos mis días.




V E I N T I U N O




Si algún día he de nacer


quiero hacerlo


como todo animal:


completamente desnudo.






I V sólo tengo un dolor y una herida






J Ú P I T E R




E L P O E M A




NADIE




Yo no soy nadie.

Nadie me busque
ni pregunte mi nombre.
No hacedme representar otra cosa.

No busquéis mi cuerpo
junto a ninguna sombra
ni pidáis un rostro
al que atarme.

Nadie me busque
junto a las viejas
estatuas de los hombres,
ni bajo las banderas
de su vana hegemonía.

Por que yo no soy nadie.

Aquí estoy, en medio de la noche,
hombre desnudo
sin nada en mis manos.
Nada me pertenece
y nada tengo.

Sólo tengo un dolor
y una herida,
esa inmensa herida
por la que brota
la sangre de mis noches.

Nadie me nombre, ni me pida versos.

Sólo puedo daros mi sangre
y estas criaturas
nacidas de esas noches.
El sabor de mis lágrimas
es para mí,
me pertenece,
ese es mi gran tesoro,
la posesión
que al ocaso de mis días
me dará la certeza
de haber vivido.

No me pidáis nada más, pues nada tengo,
ni pronunciéis mi nombre.
Nadie me busque;

yo no soy nadie.






V admito haber soñado






V E N U S




U N O




La tarde


huye por los campos


como un animal


herido.




D O S




Yo soy el hombre,


el caminante,


el aprendiz de poeta


que busca entre


las arenas del tiempo


el tenue rastro


que dejaron las huellas del viajero.




T R E S




Yo soy el árbol

y estos versos mis hojas.

Brisa de otoño.




C U A T R O




En noches como estas


admito haber soñado


con la palabra y el verso


desgarrando mis labios.




C I N C O




Yo soy el árbol sin hojas,


peine del viento. El viejo


árbol sin fruto ni sombra


bajo el que sueña el viajero.




S E I S




Nada he perdido,


mi voz hecha palabra


alza el vuelo.




S I E T E




Admito haber soñado


y al soñar vi mis manos


atrapando mis sueños.




O C H O




A veces


la palabra duele


y el alma


es una paloma herida.




N U E V E




Grite el poeta


y cante el pueblo.


Que la voz del pueblo robe


los versos de los poetas


y como piedras


los arroje al viento.




D I E Z




A veces


escucho una voz,


tal vez muy antigua,


que me dice al oído;


tan grande será,


algún día,


la verdad del hombre


que apenas si cabrá


en el ojo de un pez.




O N C E




El hombre


es el incansable guerrero


que lucha contra el tiempo




D O C E




Hoy me duelen los ojos


de buscarme en los espejos


y encontrar siempre


a este animal hambriento.




T R E C E




La carcoma de los días


va devorando mi piel.




C A T O R C E




El viento duele.


En las noches del mundo


ya nadie duerme.




Q U I N C E




Hijos del barro


al filo de la nada,


rumor del Kosmos.




D I E C I S É I S




Yo sólo soy el aprendiz de poeta,


un pobre diablo


perdido en sus quimeras.




D I E C I S I E T E




Sostén mi grito


en tus labios


por un momento


y después,


haciéndolo tuyo,


lánzalo al viento.




D I E C I O C H O




Yo no soy el canto,


ni mi voz es la palabra.


Sólo soy el árbol


que entrega sus hojas


al viento.




D I E C I N U E V E




Mis versos son las hojas


que el viento esparcirá


por las edades del mundo.




V E I N T E




Buscan mis manos


entre las hojas secas.


Rumor de pasos.




V E I N T I U N O




Más allá de las sombras

que devoran al hombre,

en el silencio de los días,

adormecida

sobre el regazo cálido

de las musas, germina la palabra

que habrá de forjar

el canto de los mundos.






V I estos versos tan parecidos a hojas






S A T U R N O




U N O




La luz hace temblar


a las hojas del árbol


donde habitan las musas.




D O S




Retener la luz en sus manos


y devorar las sombras con sus ojos:


trabajos del poeta.




T R E S




Yo soy el árbol


y estos versos


las hojas que adecentan


mi desnudez.




C U A T R O




Vino el viento a mis oídos


y me dejó


el canto de los mundos.




C I N C O




La poesía es ave de luz


que a veces baja


y toca levemente


la piel del alma.




S E I S




Estos versos,


tan parecidos a hojas,


¿qué viento los llevará?




S I E T E




Por las sendas de los sueños


se dilata el eco


de las huellas de las musas.




O C H O




La poesía


tapa las grietas


del alma.




N U E V E




Con la mano del alba,


húmeda y suave,


el universo


desnudó a la noche.




D I E Z




Sobre el mar reseco del heno


las tardes del estío


crujen


como si fuesen a romperse.




O N C E




Mas el fruto del silencio


serán estos versos,


que la luz del tiempo


volverá hojas al viento.




D O C E




Y estas hojas al viento,


tan parecidas a pájaros,


¿sobre qué labios caerán?




T R E C E




Sobre la última piedra


del universo


(horrible agonía)


dormitan mis mariposas.




C A T O R C E




Cuando el poeta calla


se detiene el tiempo.






V I I el rumor de unos pasos






SOL




U N O




En la desnudez del mundo,


dentro de su espejo,


tiembla el hombre.




D O S




De repente


la vida duele en los ojos


y un grito de ira


se ahoga en la garganta.




T R E S




La verdad


sólo es un fantasma


al que cada cual


viste con sus propias ropas.




C U A T R O




En este teatro del mundo


nadie es tan bueno como parece,


ni tan malvado como dicen.




C I N C O




El hombre


cuando envejece


olvida todas sus máscaras.




S E I S




Al ocaso de nuestros días


sólo nos quedará


el rumor de unos pasos.




S I E T E




Estas hojas de otoño


y estos días furtivos


que escapan de mis manos.






E P Í L O G O




LA POESÍA ES PALABRA

L. Eduardo Aute
Miguel Fernández


La poesía es palabra
que hiere al silencio,
que vela despierta
en el pensamiento.
La poesía es palabra
de un niño sediento
que toma conciencia
de que está viviendo.


La poesía es palabra
que vuela en el tiempo,
que mueve las piedras
y besa los cuerpos.
La poesía es palabra
que se vuelve fuego
que debe alumbrar
los caminos nuevos.







Colección: El Errante
nº 1


Miguel Fernández Rivero:
La palabra que no cesa















Este libro terminóse de imprimir
el día 5146
del comienzo de su gestación.
Días
que fueron escribiendo sus versos
a la par
que fueron consumiendo mi tiempo.

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