miguel fernández rivero
LA PALABRA QUE NO CESA
(84 poemigas y un poema)
EDICIONES
El Pájaro Azul
Apdo. 212
41530-Morón de la Frontera
Sevilla
Correo electrónico: mfernanrive@hotmail.com
( c ) Miguel Fernández Rivero
Diseño/Ilustraciones:
( c ) Miguel Fernández Rivero
Cubierta:
Tabla cuneiforme de la fundación
de Babilonia, siglo XVII a. C.
ISBN: 84-609-9443-0
Depósito Legal: SE-0350-06
Mi
agradecimiento
a Luis Eduardo Aute,
por prestarme su palabra
P O E M I G A,
con la que da nombre a los
pequeños poemas de su
libro-disco
Animal.
GRACIAS
LUIS
En enero del año 1992, sin saber el cómo
ni el porqué, surgió el primer poemiga,
sin sospechar siquiera que así se
llamaría pasado el tiempo. Y
sin saber cómo y de qué
forma estas motas de
polvo, migajas de
poemas, se fueron
pegando a la piel
de mis días,
para
convertirse
en este hatillo
de vagamundo
en el que el errante
guardaba todo aquello
que fue abandonado o entregado
al olvido por inservible o insignificante.
Motas de polvo, migajas de poemas que al aproximarse
el final del camino terminarían
convirtiéndose en su gran tesoro.
POEMIGA:
Poema al que por su pequeñez o brevedad
se le considera una miga.
Migaja o miga que se desprende de un
poema y que al ser rescatada del olvido
toma vida propia.
P R Ó L O G O
A veces bueno es desandar el camino jamás andado y sentir en los ojos el sabor de aquellas huellas que nuestros pies nunca llegaron a dejar sobre el polvo de los caminos.
Yo soy el hombre que juega a ser poeta. Yo no soy el poeta, el poeta es un viajero que a veces cruza por estos campos en los que habito, siembra su luz en mis labios y después se oculta entre mis sombras.
Yo soy el hombre, el caminante, el aprendiz de poeta que busca entre las arenas del tiempo el rastro, casi imperceptible, de las huellas del viajero.
Mas hoy, al desandar el camino, en el rastro que dejaron mis propias huellas, vuelvo a encontrar restos, migajas de poemas esparcidas sobre las arenas de mis días.
Esas migajas de poemas son estos POEMIGAS que hoy, en un acto de rebeldía, arrojo a tus ojos.
POEMIGA
Ahí van estas migas
para hormigas
amigas…
y enemigas.
Y a las meigas
alguna migaja
de más.
L. E. Aute
I la palabra gira en el tiempo
L U N A
U N O
La palabra
gira en el tiempo
como un antiguo rito
que jamás se olvida.
D O S
Nunca busques tu imagen
en los espejos,
búscala
en los labios del hombre.
T R E S
No hay silencio que romper,
(el silencio es sagrado)
sólo hay palabras que decir
para llenarlo.
C U A T R O
Siembra la luz en tu voz,
y tus ojos
contemplarán la verdad.
C I N C O
En el inmenso silencio
de estos días,
germinará la palabra
que habrá de forjar
el canto del mundo
S E I S
Jamás retengas
tu voz entre los labios;
déjala en el viento
y serás libre.
S I E T E
Todo el silencio
del mundo
pasa por mi alma.
I I van desgastando la piel del hombre
M A R T E
U N O
Un día
el universo tuvo un sueño
y lo depositó
sobre la piel del mundo.
D O S
El hombre
es un grito
que hiere al universo.
T R E S
Las estrellas
tiemblan de miedo
si el hombre las mira.
C U A T R O
Los días
golpean sin cesar
las costas del tiempo
y van desgastando
la piel del hombre.
C I N C 0
Se han quebrado
los últimos espejos
que sostenían
la imagen del hombre.
S E I S
Acomodado
en el putrefacto sillón
de la opulencia,
el hombre pierde su tiempo
en devorar, ávidamente,
los días de su vida.
S I E T E
Tras el espejo
el hombre tiembla y gime
como un perro sin amo.
O C H O
Los espejos rotos
esparcen sobre el mundo
las ilusiones del hombre.
N U E V E
Los días se rompen
contra el violento filo
de la tarde.
D I E Z
La vida se nos escapa
por las grietas
del tiempo.
O N C E
Tras los muros de la niebla
se encuentra el mañana,
al que, como siempre,
volveremos a llegar
con retraso.
D O C E
El tiempo
araña sin piedad
mi piel.
T R E C E
Por las grietas del tiempo
se nos pierden los sueños.
C A T O R C E
Hoy
sólo es el ayer
del mañana.
I I I hace años que hurgo entre mis huesos
M E R C U R I O
U N O
Hoy vengo
a escribir mi nombre
sobre las arenas
del tiempo.
D O S
Yo soy el leve rumor
de una luz
que cruza el universo.
T R E S
A este mundo
fui arrojado;
mas
aún no sé si existo.
C U A T R O
Con mi mano izquierda
sostengo el silencio
del mundo,
con mi mano derecha
la soledad del hombre.
C I N C O
A veces
la hambrienta noche
cae sobre mí
y devora mi sombra.
S E I S
El silencio
del mundo me envuelve
y ahoga el eco
de mi voz.
S I E T E
Las manos se me pierden
entre los sueños
que pueblan los rincones
de mi vida.
O C H O
Anoche
me hirieron los sueños
con sus frías navajas.
N U E V E
Perdí tanto por los caminos
que hoy
apenas si logro encontrarme
entre mis ruinas.
D I E Z
La noche,
con su invisible mano,
hurga entre mis huesos
buscando mi alma
para devorarla.
O N C E
Tras de mí
(en el oscuro túnel del ayer)
aún se oyen mis pasos,
como la presencia
de un extraño.
D O C E
Sobre el débil borde
de un suspiro
abandono
la piel de mis sueños.
T R E C E
Hace años que hurgo
entre mis huesos
buscando a ese extraño
que llevo dentro.
C A T O R C E
Los recuerdos
son el gusano enorme
que se alimenta
de nuestras vidas.
Q U I N C E
Me afligen más
las noches por vivir
que todos los días
ya vividos.
D I E C I S É I S
Al filo del ocaso
me siento a descansar
las huellas de mis pasos.
D I E C I S I E T E
La vida se me escapa
por los pliegues del viento
y yo aún me pregunto
si existo.
D I E C I O C H O
A veces
dejo este cuerpo en que habito
e intento tocar al hombre
que jamás seré.
D I E C I N U E V E
El universo
fue creado para mí
esta mañana.
V E I N T E
Sobre mi piel llevo
prendido el aroma
de todos mis días.
V E I N T I U N O
Si algún día he de nacer
quiero hacerlo
como todo animal:
completamente desnudo.
I V sólo tengo un dolor y una herida
J Ú P I T E R
E L P O E M A
NADIE
Yo no soy nadie.
Nadie me busque
ni pregunte mi nombre.
No hacedme representar otra cosa.
No busquéis mi cuerpo
junto a ninguna sombra
ni pidáis un rostro
al que atarme.
Nadie me busque
junto a las viejas
estatuas de los hombres,
ni bajo las banderas
de su vana hegemonía.
Por que yo no soy nadie.
Aquí estoy, en medio de la noche,
hombre desnudo
sin nada en mis manos.
Nada me pertenece
y nada tengo.
Sólo tengo un dolor
y una herida,
esa inmensa herida
por la que brota
la sangre de mis noches.
Nadie me nombre, ni me pida versos.
Sólo puedo daros mi sangre
y estas criaturas
nacidas de esas noches.
El sabor de mis lágrimas
es para mí,
me pertenece,
ese es mi gran tesoro,
la posesión
que al ocaso de mis días
me dará la certeza
de haber vivido.
No me pidáis nada más, pues nada tengo,
ni pronunciéis mi nombre.
Nadie me busque;
yo no soy nadie.
V admito haber soñado
V E N U S
U N O
La tarde
huye por los campos
como un animal
herido.
D O S
Yo soy el hombre,
el caminante,
el aprendiz de poeta
que busca entre
las arenas del tiempo
el tenue rastro
que dejaron las huellas del viajero.
T R E S
Yo soy el árbol
y estos versos mis hojas.
Brisa de otoño.
C U A T R O
En noches como estas
admito haber soñado
con la palabra y el verso
desgarrando mis labios.
C I N C O
Yo soy el árbol sin hojas,
peine del viento. El viejo
árbol sin fruto ni sombra
bajo el que sueña el viajero.
S E I S
Nada he perdido,
mi voz hecha palabra
alza el vuelo.
S I E T E
Admito haber soñado
y al soñar vi mis manos
atrapando mis sueños.
O C H O
A veces
la palabra duele
y el alma
es una paloma herida.
N U E V E
Grite el poeta
y cante el pueblo.
Que la voz del pueblo robe
los versos de los poetas
y como piedras
los arroje al viento.
D I E Z
A veces
escucho una voz,
tal vez muy antigua,
que me dice al oído;
tan grande será,
algún día,
la verdad del hombre
que apenas si cabrá
en el ojo de un pez.
O N C E
El hombre
es el incansable guerrero
que lucha contra el tiempo
D O C E
Hoy me duelen los ojos
de buscarme en los espejos
y encontrar siempre
a este animal hambriento.
T R E C E
La carcoma de los días
va devorando mi piel.
C A T O R C E
El viento duele.
En las noches del mundo
ya nadie duerme.
Q U I N C E
Hijos del barro
al filo de la nada,
rumor del Kosmos.
D I E C I S É I S
Yo sólo soy el aprendiz de poeta,
un pobre diablo
perdido en sus quimeras.
D I E C I S I E T E
Sostén mi grito
en tus labios
por un momento
y después,
haciéndolo tuyo,
lánzalo al viento.
D I E C I O C H O
Yo no soy el canto,
ni mi voz es la palabra.
Sólo soy el árbol
que entrega sus hojas
al viento.
D I E C I N U E V E
Mis versos son las hojas
que el viento esparcirá
por las edades del mundo.
V E I N T E
Buscan mis manos
entre las hojas secas.
Rumor de pasos.
V E I N T I U N O
Más allá de las sombras
que devoran al hombre,
en el silencio de los días,
adormecida
sobre el regazo cálido
de las musas, germina la palabra
que habrá de forjar
el canto de los mundos.
V I estos versos tan parecidos a hojas
S A T U R N O
U N O
La luz hace temblar
a las hojas del árbol
donde habitan las musas.
D O S
Retener la luz en sus manos
y devorar las sombras con sus ojos:
trabajos del poeta.
T R E S
Yo soy el árbol
y estos versos
las hojas que adecentan
mi desnudez.
C U A T R O
Vino el viento a mis oídos
y me dejó
el canto de los mundos.
C I N C O
La poesía es ave de luz
que a veces baja
y toca levemente
la piel del alma.
S E I S
Estos versos,
tan parecidos a hojas,
¿qué viento los llevará?
S I E T E
Por las sendas de los sueños
se dilata el eco
de las huellas de las musas.
O C H O
La poesía
tapa las grietas
del alma.
N U E V E
Con la mano del alba,
húmeda y suave,
el universo
desnudó a la noche.
D I E Z
Sobre el mar reseco del heno
las tardes del estío
crujen
como si fuesen a romperse.
O N C E
Mas el fruto del silencio
serán estos versos,
que la luz del tiempo
volverá hojas al viento.
D O C E
Y estas hojas al viento,
tan parecidas a pájaros,
¿sobre qué labios caerán?
T R E C E
Sobre la última piedra
del universo
(horrible agonía)
dormitan mis mariposas.
C A T O R C E
Cuando el poeta calla
se detiene el tiempo.
V I I el rumor de unos pasos
SOL
U N O
En la desnudez del mundo,
dentro de su espejo,
tiembla el hombre.
D O S
De repente
la vida duele en los ojos
y un grito de ira
se ahoga en la garganta.
T R E S
La verdad
sólo es un fantasma
al que cada cual
viste con sus propias ropas.
C U A T R O
En este teatro del mundo
nadie es tan bueno como parece,
ni tan malvado como dicen.
C I N C O
El hombre
cuando envejece
olvida todas sus máscaras.
S E I S
Al ocaso de nuestros días
sólo nos quedará
el rumor de unos pasos.
S I E T E
Estas hojas de otoño
y estos días furtivos
que escapan de mis manos.
E P Í L O G O
LA POESÍA ES PALABRA
L. Eduardo Aute
Miguel Fernández
La poesía es palabra
que hiere al silencio,
que vela despierta
en el pensamiento.
La poesía es palabra
de un niño sediento
que toma conciencia
de que está viviendo.
La poesía es palabra
que vuela en el tiempo,
que mueve las piedras
y besa los cuerpos.
La poesía es palabra
que se vuelve fuego
que debe alumbrar
los caminos nuevos.
Colección: El Errante
nº 1
Miguel Fernández Rivero:
La palabra que no cesa
Este libro terminóse de imprimir
el día 5146
del comienzo de su gestación.
Días
que fueron escribiendo sus versos
a la par
que fueron consumiendo mi tiempo.
jueves, 18 de marzo de 2010
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